Salimos Joaquín y yo el día 18 de diciembre viajamos 23 horas para llegar a San Cristobal, era mi tercera visita a la casa de mi cuñada Kikita, esta vez nos ibamos a encontrar con mamá Carmen, mi suegra y Lenka, sobrina y su pareja Orlando. De San Cristobal me gusta la sencillez de su gente, una ciudad entre lo rural, arropada y penetrada por un mundo moderno, quizá nada fácil de asimilar. Lo interesante es encontrarse con un Centro comercial y al lado una vivienda que resuena con un kikiriquí estruendoso de un gallo y la respuesta orquestal de un sonorosísimo pavo que dispara sus sonidos envolviendo los sonidos callejeros. Da alegría percibir la resistencia a dejarse atrapar por el vacío existencial del mundo moderno, de estos pobladores que se niegan a sucumbir en el mismo. Se mantendrán porque son héroes, unidos por un iso universal, paridos quizá por la misma madre y el mismo padre. Me gusta la gente de San CristobaL. Curiosamente como dice la reseña turística, Capacho está formado por dos pueblos cercanos (el nuevo y el viejo). Llegamos ahí por un compañero de viaje que nos invito a visitarlo. en ese lugar se percibe la vida flotando por todos los lugares, paredes y poros de las personas, son impresionantes como alpinistas, caminan las empinadas calles como parte de su rutina diaria, y construyen las casas con la arquitectura comparada a los panales de abejas casi perfectas una al lado de la otra. Orgullosos de su tradición y su cuidadísimo zoológico invitan acampar con estos sanotes pobladores. Agradezco a Juan Ramírez, por la gentileza de invitarnos a hacer registros iconográficos en ese poblado.
lunes, 11 de enero de 2010
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